Te daré lo que me pides
Querido hijo,
porque piensas que no te escucho si mis oidos siempre han estado atento a tus oraciones, siempre escucho cada una de tus súplicas y no las ignoro. Yo siempre estoy pendiente cuando a mí bienes y derramas tu corazón en lo más intimo de mi presencia. Yo se lo mucho que te esfuerzas por mantener una comunión constante conmigo, aún cuando haces tus labores diarias procuras estar en plena comunión, guardando tu mente de todo pensamiento impuro que pueda contaminar tu alma. Hijo yo conozco todos tus pensamientos, se de tus alegrías y todas tus tristezas y las razones por la que oras derramando tus lagrimas como olor grato delante de mi. Quiero que sepas que todo esfuerzo que has hecho en obedecer mi palabra, no ha sido en vano. Yo siempre tengo en cuenta todas tus obras, siempre te estoy escuchando desde lo más alto tus oraciones. Veo la fuerza con la que clamas a mi. Con corazón contrito y humillado. Sediento de mi presencia. Por eso hoy te digo, no estes más angustiado hijo mío. Hoy te digo, no estes más angustiado hijo mío, no te preocupes más porque yo responderé a cada una de tus oraciones. Yo siempre estuve atento a todas ellas y hoy me mostraré a ti y verás mi poder manifestarse en tu vida. Te daré todo aquello lo que me pediste y por lo que tanto te has esforzado. Pues a pesar de las adversidades siempre permaneciste fiel a mi palabra, poniendo en primer lugar mis mandamientos y obedeciendolos. Nunca dejaste de creer en mis promesas sino que te paraste firme con una fe inquebrantable confesando y creyendo en mi palabra, por eso hijo mío yo nunca me alejaré de ti, permaneceré siempre contigo cuidandote de todo peligro pues yo seré un escudo a tu alrededor y nadie te tocará, seré tu torre fuerte, pues en mi siempre estarás seguro. Hijo, recuerda, todo esfuerzo no es en vano, sigue así que yo prosperaré la obra de tus manos y te bendecire hasta que sobreabunde. Amen