Yo soy la vid, ustedes son los sarmientos
Amado hijo,
Yo soy la vid, ustedes son los sarmientos. Si permaneces en mí Yo permaneceré en ti. Y darás fruto que sobreabunde. Separado de mi nada puedes hacer. ¡Conmigo todo es posible! Camina en mi presencia. Llénate de alegría y paz. Alejate del ruido de este mundo y busca el silencio, ahí te hablaré sigue adelante tomado de mi mano. Conmigo no te perderás ante los retos de la vida ¡No te detengas! Pues aquel que se detiene, deja de vivir. Muchas veces te quedas sin hacer nada como aquel niño que contempla a otros jugar, se queda parado viendo la pelota correr en los pies de los demás, solo deseando poder jugar. Hijo, vamos, ¡toma acción! has tu parte para que las cosas ocurran. Se necesitan dos cosas para alcanzar tus sueños. Primero, creer que tú puedes lograrlos porque yo estoy contigo. Y lo segundo es dar los pasos constantemente y necesarios para alcanzarlos. Entiende de una vez por todas ¡necesitas hacer lo que debes hacer! ¡Y por favor, no te quejes de tu sitaución actual! Los únicos obstáculos que pueden detenerte son tus propios temores y preconceptos. Yo te he dado talentos, ¡desarrollalos! No te acomodes en la galería a contemplar el desfile de los vencedores. ¡Se tú uno de ellos! ¡Conmigo todo lo puedes! Hoy puede ser un día diferente para ti. Si colocas tu vida y los planes en mis manos y dejas que yo te guie. Dejame guiar tu vida. Déjame tomarte de la mano. Y dejame cambiarlo todo. Hijo, ¿me dejas guiarte?
Dios es bueno.